La cárcel de máxima seguridad más antigua de Roma albergaba a los enemigos del estado. Según la tradición, este reducido espacio fue el último sitio donde estuvieron detenidos los apóstoles San Pablo y San Pedro antes de ser ejecutados. Este intento de aplastar a la creciente secta del cristianismo no impidió a los cristianos compartir su mensaje. San Pablo continuó escribiendo sus epístolas desde la cárcel, y es muy probable que haya escrito su segunda epístola a Timoteo desde allí. Según la tradición, los guardias de la cárcel que vigilaban a San Pedro, Proceso y Martiniano, se convirtieron en creyentes y fueron bautizados por San Pedro con agua que fluyó milagrosamente de un manantial extinto; más adelante, ellos mismos fueron mártires. Sobre la parte superior de este sitio, que representaba la opresión romana por excelencia, se construyeron dos iglesias, y así se convirtió en un símbolo del perdón de Dios.
Mientras estás aquí, busca estos tres sitios:
La Cámara Superior o Cárcer: en la antigüedad se encontraba al nivel de la calle, y allí ingresaban los condenados. Cuando el rey David estaba en una cueva, exclamó: «Sácame de la prisión para que pueda agradecerte» (Salmos 142:7a). Imagina lo que debe haber significado para los prisioneros cristianos entrar aquí, sabiendo que, probablemente, no saldrían con vida. ¿Te hubieras enfocado en hablarles de Dios a tus carceleros y en animar a otros creyentes, tal como lo hicieron los apóstoles?
El Tullianum: a los prisioneros que estaban en esta cámara inferior los bajaban con cuerdas a través de un hueco realizado en el suelo de la Cárcer, la cámara superior. Imagina la desesperación al ser bajado a una cárcel de la que, tal vez, nunca saldrías. Si te sientes atrapado en tu propio pozo, recuerda las palabras de San Pablo, que también fueron escritas en prisión: «Espero que puedan comprender, como corresponde a todo el pueblo de Dios, cuán ancho, cuán largo, cuán alto y cuán profundo es su amor» (Efesios 3:18). El amor y el perdón de Dios pueden alcanzarte dondequiera que estés.
Iglesia de San José de los Carpinteros: esta iglesia hoy en día se encuentra encima de la antigua prisión. No solo el gobierno romano de aquel entonces fue incapaz de eliminar el cristianismo, sino que, ahora, encima de su prisión se erige un monumento a aquello que San Pedro y San Pablo predicaban.