Este anfiteatro tenía capacidad para unos cincuenta mil espectadores sentados, que se protegían del sol gracias a un enorme toldo retráctil. El Coliseo fue el escenario de miles de luchas cuerpo a cuerpo entre gladiadores, de competencias entre hombres y animales, y de muchos combates de grandes proporciones. No se sabe con certeza si este estadio fue un sitio de martirio para los primeros cristianos, debido a que existen pocas crónicas sobre ello, pero la mayoría de los historiadores creen que fue muy probable que así haya sido. Hoy en día, se considera al Coliseo como una de las nuevas Siete Maravillas del Mundo.
Mientras estás aquí, busca estos tres sitios:
El exterior: a diferencia de los primeros anfiteatros, que habían sido cavados en las laderas de las montañas a modo de soporte, el Coliseo consiste en una estructura independiente de piedra y hormigón, con un estilo arquitectónico muy avanzado para su tiempo. Paradójicamente, esta estructura gigantesca, que una vez se erigió como el símbolo mismo del poderío de un imperio, ahora solo se mantiene en pie gracias a las obras de conservación realizadas por la iglesia.
Las tribunas de los espectadores: As you stand where Roman citizens once enjoyed cheering on gladiators, animals and, potentially, executions, think about where you find your enjoyment. Are you taking pleasure in things that are contrary to God? The apostle Paul wrote,
“And now, dear brothers and sisters, one final thing. Fix your thoughts on what is true, and honorable, and right, and pure, and lovely, and admirable. Think about things that are excellent and worthy of praise.”—Philippians 4:8
La Cruz: Visible from many areas of the Colosseum, Pope John Paul II had the cross installed to commemorate the martyrs killed in Rome. A space once dominated by the whims of an emperor and his people is now a reminder of the love and forgiveness of the one true God.
“God chose things despised by the world, things counted as nothing at all, and used them to bring to nothing what the world considers important.”—1 Corinthians 1:28